Un libro de Esteban Diaczun · lectura gratuita
Libro del Escribiente
Son setenta y dos. De cada una hay una sola en todo el mundo, y quien la lleva recibe su potestad y su oficio, y también sus deudas y sus enemigos. Ninguna manda sobre otra. No hay dioses ni magia: lo único inexplicable de este mundo es que las máscaras funcionan.
En el año 812 muere el que llevaba la Tregua, y un desconocido con una máscara de ojos cerrados y boca abierta se la pone en las manos a un carbonero sin tierra. La Casa que las administra desde hace ochocientos años no puede quitársela, ni juzgarlo, ni desmentirlo. Lo que sigue —en actas, registros, cantos, libros de cuentas y testimonios compilados por el único que por ley no puede cambiar una palabra— es el nacimiento de la primera religión.
No es una novela: es un texto sagrado encontrado. Treinta y nueve documentos, unas 35.000 palabras, dos o tres horas de lectura.
Si lo leés, me interesa saber qué te pareció: estebandiaczun@gmail.com
Son setenta y dos.
De cada una hay una sola, y no hay dos de ninguna, y el que la lleva no tiene igual en el mundo.
No se sabe quién las hizo.
No se sabe por qué son setenta y dos.
El que diga que lo sabe, miente. Ha habido muchos.
A cada una le falta algo, y lo que le falta es su oficio.
Al Perdón le faltan los ojos, porque el que mira juzga y el que juzga ya no puede soltar.
Al Sordo le falta la boca.
Al que Camina le falta la mandíbula, porque no se detiene.
Al que Cumple no le falta nada, y no tiene nada: es la más anodina de las setenta y dos, para que ninguna familia recuerde la cara del que ejecutó a los suyos.
Ninguna manda sobre otra.
Al que lleva no se lo toca.
Al que lleva no se le pregunta el nombre.
Nadie llevó dos.
Se intentó destruirlas.