Libreta · · cine
Ir al cine
De chico iba al cine cada cinco meses, quizás más. Me acuerdo de la ilusión.
Y de lo demás: la felicidad, que olía a pochoclos. La caminata por el pasillo, que era inmenso. Las butacas enormes, que te abrazaban. La pantalla y mi asombro ante ella. El sonido ensordecedor. Y, antes o después, una hamburguesa.
Para mí era todo un suceso. Para mi mamá era un gasto enorme. Yo no sabía cuánto.
Todavía me gusta ver las publicidades: anuncian que la cosa está por empezar y forman parte del ritual.
Heráclito decía que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque cambia el río y cambia uno. El cine es distinto. Vuelvo y, por un rato, soy exactamente el mismo que te contaba.
Con una diferencia: ahora la llevo yo a ella.
El mismo cine. Los mismos pochoclos. El mismo olor. La misma hamburguesa.
Solo que ahora pago yo.
No sé si hay algo que me haga más feliz.